El 1er Congreso sobre la Prevención de la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos se centra en la prevención y transformación del sistema alimentario
La pérdida y el desperdicio de alimentos son uno de los grandes retos de los sistemas alimentarios actuales. El 1er Congreso sobre la Prevención de la Pérdida y el Despilfarro Alimentario se ha celebrado en el Instituto de Estudios Catalanes (IEC). Organizado por el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat, con el apoyo del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Asociación Catalina de Ciencias de los Alimentos de la IEC, se ha centrado en la necesidad de comprender mejor el problema para prevenirlo. La conferencia ha aborado las pérdidas a lo largo de la cadena alimentaria, sus consecuencias medioambientales, sociales y económicas, así como las estrategias de prevención y reutilización. La sesión también ha destacado la necesidad de coordinar políticas y agentes para avanzar en la prevención, un ámbito en el que el PEMB ha aportado su perspectiva metropolitana a través de Giulio Cappadona, durante la sesión dedicada a políticas públicas e innovación social.
El congreso ha demostrado que contar con datos rigurosos y comparables es un primer paso esencial para combatir el desperdicio de alimentos. La cuantificación permite medir el problema, identificar sus causas y evaluar la eficacia de las medidas aplicadas.
En este sentido, la sesión dedicada a los datos y metodologías ha puesto de manifiesto la necesidad de homogeneizar los criterios de medición y de diferenciar entre pérdidas, desperdicio y desperdicio alimentario. También se ha puesto sobre la mesa la importancia de incorporar los impactos ambientales, sociales y económicos asociados a los alimentos perdidos o desperdiciados.
Casi 5.000 kilos de pérdidas potenciales por hectárea
El tamaño del problema también fue evidente en los datos presentados durante la sesión sobre pérdidas a lo largo de la cadena alimentaria. Pablo Castro, de la Fundación Espigoladores, ha explicado que sus análisis sitúan la mediana de las posibles pérdidas alimentarias en 4.866 kg por hectárea, equivalente al 18,71% de la producción total.
El proyecto FOLOU, centrado en el territorio catalán en el sector de frutas y verduras, ha proporcionado una cifra especialmente significativa: el 68,5% de las pérdidas analizadas eran comestibles. Entre las causas de estas pérdidas se encuentran los "criterios estéticos, la falta de compradores para ciertos productos, como tubérculos y raíces, o la falta de mano de obra". Por esta razón, según Espigoladors, medir lo que se pierde y por qué nos permite abrir nuevas vías de reutilización.
21,6 kg de residuos alimentarios por hogar en Cataluña
La revisión de hogares también ha proporcionado datos relevantes. Saray Ramírez, de CREDA, ha presentado los resultados de un estudio realizado en 2024 basado en una muestra de 426 hogares en Cataluña. El estudio estima el desperdicio de alimentos en 21,6 kg y el desperdicio de alimentos por hogar en 42,7 kg.
Un dato especialmente destacable es que el 74% de los alimentos desperdiciados no se habían cocinado, principalmente alimentos frescos. Entre las causas identificadas, el 63% corresponde a problemas operativos, como compras excedentes, fechas de caducidad o la percepción de la cantidad de comida disponible en casa. Otro 15% está relacionado con la percepción de la calidad o apariencia física de los alimentos.
"Si no saben cuánto y por qué desperdiciamos, es muy difícil reducirlo", ha dicho Ramírez, quien ha destacado la necesidad de mejorar la planificación de compras, el inventario, la preparación y la manipulación de los alimentos. El estudio también ha señalado que los hogares con niños tienen niveles más altos de residuos y estima un impacto económico de 111,9 euros por persona al año.
El PEMB: una perspectiva metropolitana y del sistema alimentario
A la sesión dedicada a las políticas públicas e innovación social ha asistido Giulio Cappadona, técnico de proyectos del Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona (PEMB), quien ha explicado el papel del PEMB en la transformación del sistema alimentario a través del Compromiso Metropolitano 2030, que amplía su visión más allá de los 36 municipios del Área Metropolitana de Barcelona y trabaja a la escala de la región de cinco millones de habitantes.
Dentro de este marco, la alimentación es una de las ocho misiones del Compromiso Metropolitano 2030, y la prevención del desperdicio y pérdidas alimentarias es un elemento transversal que involucra todos los eslabones de la cadena. "Es una palanca y está presente en el Compromiso Metropolitano y en todas nuestras acciones", ha explicado Cappadona.
El representante del PEMB ha valorado especialmente la necesidad de una visión transversal y la implicación de la hélice quintuplice, que permite conectar administraciones, sector privado, investigación, ciudadanos y medios de comunicación. Esto se refleja en iniciativas como la Carta Alimentaria de la Región Metropolitana de Barcelona (CARM) y en proyectos europeos como CULTIVATE, que han permitido al PEMB profundizar en experiencias de pérdida de alimentos y prevención de residuos e identificar iniciativas que puedan replicarse en el territorio.
Políticas coordinadas y una visión del sistema
A lo largo del congreso, se ha demostrado que la prevención de residuos no puede abordarse desde un solo sector ni desde una sola escala. Las intervenciones han puesto sobre la mesa la necesidad de conectar las políticas europeas, estatales, catalanas, metropolitanas y locales, y de reforzar la coordinación entre administraciones, sector primario, empresas, investigación y sociedad civil.
En este sentido, la conferencia también ha servido para compartir los avances en la implementación del Plan Estratégico para la Prevención de la Pérdida y el Desperdicio Alimentario en Cataluña (PEPPMAC) 2026-2030, así como las diferentes políticas y estrategias que se están desarrollando a nivel europeo y nacional.
Desafíos para avanzar en la prevención
La mesa redonda ha acordado la necesidad de pasar de la regulación a la acción, dotando a las leyes de los recursos necesarios y avanzando hacia una mayor coherencia y armonización legislativa.
También se ha destacado la importancia de mejorar la cuantificación de pérdidas y residuos, así como de fortalecer la colaboración público-privada y con entidades sociales para responder a las obligaciones de donación y encontrar soluciones aplicables.
Otro desafío es hacer sostenible la redistribución de alimentos, especialmente productos frescos, garantizando el apoyo necesario a las entidades que lo hacen posible y avanzando hacia modelos que garanticen el derecho a una alimentación saludable y digna.
Finalmente, el enfoque ha estado en la necesidad de proteger la capacidad productiva del sector agrícola frente al cambio climático, las plagas, los daños a la fauna y las prácticas comerciales desleales, y en reconocer el papel de los agricultores como garantes de la producción alimentaria.