La primavera de las políticas alimentarias en las ciudades

Cuando la pandemia virtualiza la vida, hay que estar alerta para no enlazar encuentros en línea una tras otra sin darnos cuenta que la primavera estalla más allá de la pantalla. Atendiendo este racionamiento de momentos en línea en pro de la vida real, una de las citas imperdibles fue el curso Alimentar la metrópoli en tiempos de emergencias organizado por el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona (PEMB) sobre el papel de las ciudades ante los retos alimentarios actuales, en el marco del proyecto Capital Mundial de la Alimentación Sostenible Barcelona 2021.

Parque de Can Lluc. Autor: Josep Cano. Derechos de explotación: AMB

Repasemos algunas de las ideas destacadas del curso que asientan las bases para una cultura y narrativa política de transformación de los sistemas alimentarios.

Los tres años de diferencia entre las dos ediciones que se han hecho del curso nos ofrecen cierta retrospectiva sobre dónde estábamos y dónde estamos en clave de políticas alimentarias urbanas. Al 2017, al hilo de la constitución del Pacto de Milán, en el curso se hablaba de elaborar un instrumento de coordinación estratégica para impulsar políticas alimentarias en clave de región metropolitana. Hoy la Carta Alimentaria de la Región Metropolitana de Barcelona ya es una realidad con 75 entidades adheridas en su reunión inaugural como espacio de gobernanza alimentaria.

2017 el objetivo central del curso era posicionar las políticas alimentarias en la agenda de los debates sociales y políticos. Hoy la pandemia y la emergencia se dan la mano y levantan nuevos retos. Este año de la alimentación sostenible, la primavera se inicia con nevadas, una circunstancia meteorológica nada casual con impactos sobre el sistema alimentario. A saber, una helada a finales de marzo cuando los frutales ya están en flor pone en juego la cosecha y el campesinado, en situación ya frágil por la presión del mercado.

Se intensifican los fenómenos climáticos extremos y tendemos peligrosamente a normalizarlos porque su relación con el cambio climático se convierte invisible en nuestras cotidianidades. Siendo incontestable la correlación entre la salud individual y la planetaria, en el planteamiento de la edición de este año del curso, se veía imprescindible poner en el centro la emergencia climàtica y como se vincula con los retos alimentarios y de rebote con nuestras dietas. Con todo, el contexto de pandemia ha hecho coincidir en un mismo escenario otras emergencias como la socioeconómica y la sanitaria, determinando la estructura y el programa de contenidos, así como las futuras estrategias y acciones hacia un modelo alimentario más sostenible, saludable y justo.

Si nos encontramos en un tiempo de emergencias múltiples hay que hablar también de multi soluciones, es decir, ya no tenemos tiempo de solucionar los problemas de uno en uno, hay que integrar en un mismo camino varias soluciones. Aquí la emergencia también es urgencia. Seguramente esta estrategia multi soluciones pasa también por trabajar en múltiples escalas territoriales y con múltiples actores desde una visión más amplia y transversal.

El concepto de food Shed o cuencas alimentarias está en sintonía con esta visión más amplia y tiene potencialidades si se territorializa ya que pone el énfasis en los flujos alimentarios y nos obliga a visibilizar el espacio de consecuencias y suministros más allá de los límites administrativos de las ciudades. Los sistemas alimentarios desbordan los límites municipales y generan interdependencias territoriales, por lo tanto, hay que trabajar también y más allá de las políticas de consumo, para desarrollar un modelo territorial basado en el uso social y ecológico del suelo y la protección de ecosistemas promoviendo el equilibrio urbano-rural, centro-periferia y norte-sur. Así, invertir y apoyar territorios más allá de la ciudad se convierte en una manera de construir resiliencia en la cadena alimentaria y de sanar las fisuras que separan las ecologías de las economías.

Los frutos de esta visión 360º de la alimentación son proyectos con capacidad de interpelar no sólo a nivel individual y de consumidor/a final, sino también a las estructuras de poder y en cómo se gestionan los recursos; generando transformaciones en diferentes niveles del ciclo alimentario desde el campo al plato. Necesitamos proyectos con capacidad de conjugar el doble lenguaje de combatir el fin del mundo y el de llegar a fin de mes, dos finales que ponen nuestras vidas en tensión. Por ejemplo: Alterbanc banco alimentario agroecológico, Food Coop BCN, supermercado cooperativo y participativo y DAMES (Mujeres que Alimentan un Mundo en Emergencias) que reivindican incorporar la perspectiva de género y los cuidados en el relato de la alimentación sostenible y en las estrategias alimentarias de futuro (como han hecho recientemente en Valencia, que precede Barcelona como Capital Mundial de la Alimentación Sostenible) no como un anexo si no como cuerpo esencial.

 

Las opiniones de los autores y las autoras no representan necesariamente el posicionamiento del PEMB.

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