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La transversalidad y los planes de barrio de intervención integral

El desarrollo de los planes de barrio como oportunidad para la adopción del trabajo transversal en los ayuntamientos
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El pasado 19 de diciembre, la Generalitat hizo pública la resolución de la primera convocatoria del Plan de barrios y villas de Cataluña (PBVC), con la selección de los 20 municipios beneficiarios y sus programas de intervención integral. Cada uno de ellos ha elegido el tipo de intervenciones más adecuadas con el fin de contener, corregir o erradicar las principales deficiencias urbanísticas y vulnerabilidades diversas de los barrios en cuestión. Y todos ellos lo han hecho de acuerdo con los baremos de un mínimo del 25% en cada uno de los tres bloques de transformaciones físicas, transiciones ecológicas y acciones sociocomunitarias. Este ha sido uno de los primeros mecanismos de garantía de integralidad de las intervenciones que ha establecido el PBVC. Pero ¿con qué otras formas y enfoques se puede contribuir a esta integración de las intervenciones?

Actualmente, hay pocas políticas públicas con una propuesta de ámbitos de intervención tan integral como las de mejora de barrios vulnerables. Esto se debe a que tanto las evaluaciones como los estudios de la academia han apuntado hacia la necesidad de "transformar al mismo tiempo las relaciones sociales y las estructuras urbanas para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria" (Nel·lo, 2021, citado en Esteve, 2025)[1]. Si esta es la finalidad de la política de regeneración de barrios, de gran alcance y complejidad, parece casi indiscutible definir un enfoque integral desde diferentes ámbitos, con proyectos e intervenciones variadas, tanto de mejora de las condiciones del entorno físico (renaturalización, espacio público, equipamientos, vivienda, etc.) como de mejora de los recursos para el desarrollo de sus residentes con la máxima igualdad de oportunidades (formación ocupacional, capacitaciones digitales, ayudas económicas, espacios de encuentro y apoyo, servicios de cuidados, tejido comunitario, identidad y celebración del barrio, etc.). Pero el quid de la cuestión es que todas las intervenciones y proyectos se diseñen y planifiquen de forma articulada e integrada entre los ámbitos y los departamentos y entidades que los representan, respondiendo a una misma estrategia ya marcada desde el inicio y compartida por todos los agentes.

Esta integración se puede trabajar explícitamente en tres niveles:

  • En la estrategia: definiendo (o redefiniendo) de forma colaborativa el foco principal que se quiere trabajar en el plan de barrio. Todo hace pensar que se tratará de un objetivo complejo, que si se intenta articular en una frase puede parecer vago o poco aterrizado. Por eso hay que acompañarlo de dos cosas más: una cuantificación de este objetivo y un conjunto de objetivos derivados, en formato estructurado, articulados entre ellos y planificados. La idea es contemplar todas las dimensiones del funcionamiento del barrio (urbanística, ambiental, energética, social, comunitaria, económica, etc.), visto como un sistema, con el fin de alcanzar este objetivo.
  • En los proyectos: combinando intervenciones físicas, ambientales, sociales y comunitarias, y garantizando que no solo sean proyectos coherentes entre sí sino intentando que se apoyen e integren entre sí y con el barrio, generando sinergias. Al mismo tiempo, también puede resultar interesante que haya proyectos que combinen objetivos de ámbitos diferentes, siempre y cuando resulte una combinación de sentido común. Para ello habrá que definir de forma atenta las "teorías del cambio" que haya detrás de todas las intervenciones, que conecten objetivos de la estrategia, con los proyectos y los resultados esperados de una forma factible.
  • En los espacios de coordinación y gobernanza: tanto espacios internos del ayuntamiento como espacios de encuentro de vecinos y vecinas y agentes, con la configuración que resulte más adecuada. Pero con la presencia de todas las personas participantes afectadas en alguno de los espacios y formatos, desde el inicio. Y que se pueda trabajar tanto la estrategia como los proyectos. En definitiva, la participación de agentes y vecinos y vecinas no deja de ser una forma de transversalizar las intervenciones del plan de barrios, incorporando otras miradas para generar un trabajo más conjunto. Y es probable que estas miradas incorporadas también aporten más integralidad a las intervenciones.
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Foto: Elena Pastor.

Los límites de la organización administrativa tradicional

Sin embargo, la construcción de políticas y proyectos integrales no es connatural ni propia de organizaciones departamentalizadas como las administraciones públicas actuales de nuestro entorno, también las locales. Desde la normativa de funcionamiento administrativo, hasta la sectorialización de presupuestos o las dinámicas de trabajo y ritmos diferentes entre departamentos, hay diversos aspectos estructurales y organizativos que dificultan un trabajo transversal conjunto que permita desarrollar políticas integrales. Por este motivo, en el diseño e implementación de los planes integrales de barrio es necesario dotarse de herramientas y mecanismos explícitos no sólo que promuevan sino que garanticen esta transversalidad. De hecho, tal y como han relatado algunos ayuntamientos que participaron en la Ley de barrios 2004-10, se trata de una oportunidad de testear herramientas y espacios de trabajo transversal que pueden permanecer en el funcionamiento del ayuntamiento, mejorando notablemente su rendimiento. Entonces, ¿cuáles pueden ser estas herramientas y mecanismos?

De entre los más comunes encontraríamos los siguientes:

  • Coordinador/a del plan de barrio: a modo de figura de coordinación transversal, con dependencia jerárquica de alcaldía y no de un departamento. Y, a ser posible, buena relación con todos los departamentos de políticas sectoriales del ayuntamiento. Al mismo tiempo será la persona encargada de impulsar y acordar los espacios y los circuitos de trabajo interdepartamental.
  • Oficina del barrio: como espacio compartido entre los técnicos y técnicas de los diferentes departamentos que de forma exclusiva o parcial colaboran en el plan de barrio.
  • Espacios de gestión y trabajo interdepartamental: tanto del perfil directivo como técnico, y conjunto. Y con reuniones específicas para el plan de barrio, o bien directamente un espacio específico del plan.
  • Talleres interdepartamentales de co-creación de propuestas para intervenciones del plan de barrio, incluyendo talleres con participación ciudadana y de entidades sociales. Importante que se trate de encuentros en formato taller, aislados de otras dinámicas de reunión. Y que incorporen técnicos sectoriales que no forman parte del equipo del plan de barrio, con el fin de aportar la mirada de conexión con el resto del municipio.
  • Aplicación real de los presupuestos por programas: más allá de la clasificación por programas normativa y añadida, poder desarrollar una articulación por programas de todo el presupuesto, como ya tienen algunos ayuntamientos, podría resultar una transformación tractora para acabar incorporando la transversalidad en el trabajo como dinámica propia.
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Foto: Lucas Amillano.

Más allá de las estructuras: cultura y alineamiento

No obstante, la transversalidad no depende sólo de crear estructuras, sino de alinear objetivos, incentivos y cultura organizativa para fines concretos. Si cada departamento colabora con otros en proyectos que formen parte del plan pero no alinea ni hace suyos los objetivos, los datos de los indicadores y las herramientas de trabajo, no se tratará de transversalidad efectiva. ¿Cuáles pueden ser, pues, otras herramientas que faciliten el cambio de dinámicas y la evolución hacia un trabajo transversal?

  • Capacitación en trabajo transversal: que, además de la formación en el cambio organizativo, puede incluir el diseño entre todas las personas participantes de nuevos circuitos y protocolos que adoptará la organización. Evidentemente, debe ser un plan de formación progresivo y planificado.
  • Herramientas de información y comunicación abierta: desde la incorporación del avance del plan de barrio en las redes sociales y otras herramientas de comunicación del ayuntamiento, hasta un boletín periódico para todas las personas y entidades interesadas, con noticias de los proyectos, de impactos en los indicadores del plan y aportaciones de todo el vecindario. La comunicación puede ofrecer una base para que otros departamentos hagan sugerencias y conexiones relacionadas.
  • Reconocer e incentivar la colaboración: abriendo canales formales e informales para esta colaboración que, en la medida de lo posible, debe evitar crear trámites burocráticos asociados. Es importante recurrir más a la confianza en la capacitación, la responsabilidad y la profesionalidad que en la garantía jurídica escrita.
  • Evaluación del plan de barrio colectiva e interdepartamental: con indicadores de gestión y de impacto de las intervenciones y proyectos que estén relacionados y sean responsabilidad de todos los departamentos.

Los instrumentos pueden ser estos y muchos más, pero por encima de todos debe haber, como siempre, la voluntad política y el liderazgo continuado para la transformación. La tracción de toda organización. Y también debe haber una planificación paciente de esta transformación, porque no se hace en meses ni en pocos años. Y la transversalidad es necesaria para trabajar bien los planes de barrio y la integración de sus intervenciones. Por lo tanto, cuanto antes se empiece esta transformación, mejor podrá funcionar la implementación del plan de barrio.

 

 

[1] NEL·LO, Oriol (Ed.) (2021). Efecto barrio. Segregación residencial, desigualdad social y políticas urbanas en las grandes ciudades ibéricas. Tirando, citado en: ESTEVE GÜELL, Maria del Mar; NELO, Oriol, dir.; SOTOCA, Adolf, dir. (2025). Programas de rehabilitación urbana integral frente a la segregación. Un análisis comparado del Plan de Barrios de Barcelona y el Contrat de Ville de París. Universidad Autónoma de Barcelona. Programa de Doctorado en Geografía https://ddd.uab.cat/record/311826