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¿Qué papel juega la región metropolitana de Barcelona en el desarrollo de la economía circular?

Vivimos en un mundo marcado por la inestabilidad política, social y económica. El fin del multilateralismo, las guerras y la aparición de políticas comerciales agresivas y proteccionistas han puesto a prueba las cadenas de suministro a nivel mundial y Europa se ha visto considerablemente afectada por ser fuertemente dependiente del exterior. Es por ello por lo que ahora se enfrenta al reto urgente de reducir esta dependencia y promover un desarrollo más autosuficiente y sostenible. Lo que antes parecía garantizado, ahora es incierto.

Foto: Martí Petit
 

Aunque a nivel europeo se ha reaccionado tarde, esta coyuntura de crisis internacional puede ser, paradójicamente, una oportunidad para avanzar hacia una economía más autónoma, resiliente y preparada para los retos del futuro y repensar cómo producimos, consumimos y reutilizamos los recursos. Aquí es donde entra en juego la economía circular, una estrategia clave para hacernos más resilientes, menos dependientes, reducir residuos y aprovechar mejor lo que ya tenemos. Y cuando hablamos de consumo, recursos y residuos, las metrópolis juegan un papel fundamental. Pero ¿cómo podemos hacer que este cambio sea una realidad? ¿Y qué rol puede tener la región metropolitana de Barcelona (RMB) en esta transformación?

La Economía circular: definición y cambio de modelo

Según la definición que hace la Unión Europea, 'la economía circular es un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido. De esta manera, el ciclo de vida de los productos se extiende' (Parlamento Europeo, 2023).

La Organización Internacional de Normalización (ISO), a su vez, define la economía circular como 'un sistema económico que de manera sistémica contribuye a mantener un flujo circular de los recursos para minimizar los residuos y contribuir al desarrollo sostenible' (ISO 59004:2024).

En definitiva, todas las definiciones que podemos encontrar nos hablan de un cambio de paradigma que busca dejar atrás el modelo económico tradicional basado en el concepto de 'producir, usar y tirar' —conocido como modelo lineal— hacia un sistema más eficiente, donde los materiales se reutilizan y se reaprovechan para cerrar los ciclos productivos.

Economia Circular

Fuente: The Circular Built Environment Playbook, World Building Council 2023

 

El modelo económico por excelencia de las últimas décadas ha sido el lineal, con la consecuente generación de residuos y constante dependencia de nuevos recursos. En cambio, el modelo circular busca transformar esta secuencia en un ciclo donde los residuos dejan de ser vistos como un problema para convertirse en una oportunidad, alargando la vida útil de los productos y conteniendo la necesidad de extracción de recursos naturales. En definitiva, un modelo que abre la puerta a una nueva manera de entender la economía basada en la colaboración, la innovación y la eficiencia.

Contexto europeo, catalán y metropolitano

Cada europeo genera casi 190 kg3 de residuos de envases y consume 14,9 toneladas de materias primas por año. A nivel económico, el valor total del comercio (importaciones más exportaciones) de materias primas de la UE con el resto del mundo supuso un déficit comercial de 29.000 millones de euros en 2023. Estos son solo algunos datos para ilustrar la necesidad de la Unión Europea de adoptar medidas para revertir la situación, y en esta dirección existe una apuesta firme por la economía circular en el Pacto Verde Europeo que establece objetivos ambiciosos de reciclaje y reducción de residuos para alcanzar la neutralidad climática en 2050.

En el caso de Cataluña, la aprobación de la Hoja de Ruta de la Economía Circular en Cataluña (FRECC) 2030, define una estrategia ambiciosa con el fin de acelerar la transición hacia una economía más circular y justa, maximizando el valor de los recursos. Aun así, Cataluña no se aleja de la dinámica europea ya que, en términos absolutos, en 2023 se generaron un total de 7,37 millones de toneladas de residuos (3,7 municipales y 3,6 industriales) con un índice de generación municipal per cápita de 477kg/hab./año. Por otra parte, el balance comercial físico negativo con el extranjero en cuanto a materias primas fue de 15 millones de toneladas en 2021. A todo ello, además, se le suma que más del 50% de los residuos municipales no se reciclan (Agencia de Residuos de Cataluña, ARC).

Si observamos el caso de la región metropolitana de Barcelona, encontramos diferentes estrategias independientes de economía circular en todo el territorio, como pueden ser las ayudas a la economía circular por parte del AMB, el proyecto Vallès Circular, el futuro polo sobre economía circular en el distrito de Sant Andreu o la Estrategia Mataró Circular 2030, entre otras. Además, en el artículo de Veronika Kuchinow publicado en el blog del Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona (PEMB): Residuos, un recurso para la región metropolitana de Barcelona, vemos que la RMB representa aproximadamente el 50% del sistema productivo de Cataluña, con un alto grado de generación de residuos, pero con mucho potencial para convertirlos en recursos dentro de un modelo circular.

La región metropolitana: el motor de la economía circular 

Cuando hablamos de circularidad en un territorio, debemos pensarlo como cualquier sistema vivo que ingiere, digiere y expulsa materia, que luego es absorbida por el propio ecosistema. En este caso, el territorio metropolitano en su conjunto se comporta como un organismo que se alimenta, procesa y expulsa una gran cantidad de residuos que, hoy en día, el entorno no sabe ni puede absorber. Las razones pueden ser muchas: desde la baja calidad de los residuos hasta la poca valorización que de ellos se hace. Pero lo que queda claro es que el conjunto del territorio juega un papel fundamental para poder llegar a esta circularidad tan deseada y para que esto sea una realidad, hay que mirar más allá de los límites administrativos y tener una mirada más amplia como pueden ser las comarcas. El Maresme, el Garraf o los Valleses son territorios clave para que el modelo funcione ya que concentran gran parte de la actividad económica e industrial.

Cada comarca tiene sus particularidades y oportunidades. Por poner algunos ejemplos: el proyecto Vallès Circular está impulsando la reutilización de materiales entre empresas y la simbiosis industrial, e iniciativas como el Parque Circular Mataró-Vallès trabajan para convertir los residuos en nuevos recursos y fomentar un tejido productivo más sostenible. Sin embargo, aunque existen muchas iniciativas interesantes en todo el territorio metropolitano, éstas se encuentran dispersadas y desconectadas entre ellas. Como ya se ha dicho, es necesaria una mirada que integre estas estrategias dentro de un marco metropolitano compartido, porque la falta de coordinación y de una estrategia conjunta dificultan avanzar hacia los objetivos de circularidad y sostenibilidad. Pero aquí surge otro reto: el acceso a datos a escala metropolitana, ya que estos no se encuentran disponibles ni están centralizados, lo que aún hace más complicado conocer el territorio y planificar con perspectiva de futuro.

Una de las posibles soluciones pasa por dar más protagonismo a las ciudades medianas como motores de la circularidad. Ciudades como Mataró, Vilanova i la Geltrú, Terrassa o Martorell tienen un peso importante en sus comarcas y pueden convertirse en nodos y catalizadores donde poner en práctica soluciones circulares innovadoras y escalarlas. Si fomentamos la colaboración entre municipios y sobre todo con el mundo académico, podremos dar un salto muy importante hacia la circularidad y dibujar una región metropolitana donde estas ciudades funcionen como nodos de una red interconectada compartiendo recursos, experiencias y conocimiento.

Beneficios y riesgos asociados

Impulsar la economía circular en la región metropolitana de Barcelona podría tener un impacto muy positivo en diferentes ámbitos. En primer lugar, ayudaría a reducir la cantidad de residuos que acaban en vertederos o incineradoras, aprovechando mejor los materiales y reduciendo nuestra dependencia de recursos externos. Del mismo modo, también ayudaría a disminuir las emisiones de CO2 y, por tanto, el impacto ambiental del territorio.

Residus

Además, una economía más circular generaría nuevas oportunidades de negocio y puestos de trabajo en sectores como el reciclaje, la reparación o la reutilización, dinamizando la economía local y haciendo más competitivas a las empresas del territorio. De esta manera, podría contribuir a que la RMB devenga más resiliente y menos vulnerable a las crisis de materiales y energía.

Pero a pesar de los grandes beneficios de la economía circular, también hay riesgos que no podemos ignorar. Uno de ellos es que algunas empresas utilicen el concepto de circularidad como una excusa para fabricar aún más. Es decir, que apuesten por aumentar el porcentaje de materiales reciclados o reutilizados en sus productos, pero a costa de producir en mayor cantidad (sobre todo en productos con una vida más corta), provocando así más impacto ecológico final.

Por esta razón, hay que tener en cuenta, que ser más circular no siempre quiere decir ser más sostenible. Al final, lo más ecológico es alargar la vida útil de los productos y reducir su producción al mínimo imprescindible. Si no lo hacemos así, podemos acabar en una paradoja donde se fabrican más cosas solo para que luego se puedan reciclar más, sin que esto realmente nos ayude ni a reducir residuos ni a consumir menos recursos naturales. 

Aunque es importante reducir el consumo, también debemos tener en cuenta que por motivos de economía de escala, producir menos puede significar un aumento de los precios finales que acabaría repercutiendo en el consumidor y agravando las desigualdades; pero esto nos llevaría a un debate mucho más profundo sobre el modelo de consumo actual y no es el motivo del artículo. Lo que sí se quiere con el artículo es repensar la sostenibilidad y cómo ésta no solo pasa por cambiar cómo fabricamos, sino también cómo compramos y usamos los productos. Por ello, cualquier estrategia hacia una economía más circular debe encontrar la manera de ser viable tanto económica, ambiental como socialmente, para que la transición sea justa para todos.

Conclusión: hacia una metrópoli circular y resiliente

La RMB tiene una base sólida para hacer este cambio, con numerosas iniciativas de circularidad ya en marcha. Sin embargo, la falta de coordinación entre municipios y la dispersión de datos dificultan que este proceso sea realmente efectivo. Es necesaria una estrategia clara y un enfoque supramunicipal que permita integrar las diferentes soluciones que se están implementando en una visión metropolitana conjunta, facilitando la colaboración entre administraciones, empresas y centros de investigación. Es por ello, que desde el PEMB se hace una apuesta firme por coordinar esfuerzos y reunir a actores metropolitanos para que integren la mirada metropolitana en su agenda en el marco del Compromiso Metropolitano 2030, donde la economía circular juega un papel importante de manera transversal entre las ocho misiones del compromiso y forma parte de una de las palancas de cambio de la misión 'Emergencia ambiental y climática':  Economía circular y modelo de consumo.

Sólo así alcanzaremos una región metropolitana circular y resiliente en la que cada territorio juegue un papel clave en la transformación hacia un futuro más sostenible, eficiente y justo para todos. 

 

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