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Inteligencia artificial y cultura: ¿una pareja feliz?

"No sobrevive el más fuerte, sino el que se adapta mejor al cambio" (Charles Darwin)
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IA i cultura

La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa de futuro para ser una invitada, quizás no deseada, que ha venido para quedarse. Hay ámbitos en los que por su idiosincrasia es fácil integrarla, pero hay otros, como el cultural, en los que parece más difícil. Como resultado, la interacción entre cultura e IA plantea muchas dudas. ¿Cómo participa en los procesos creativos? ¿Cómo evitamos el riesgo de monocultura que atenta la diversidad cultural? ¿Qué hacemos de los estereotipos y sesgos derivados de los datos de entrenamiento? ¿Cómo combatimos el monopolio de las grandes plataformas? En definitiva, ¿dónde ponemos los límites (si es que los tiene que haber) y cómo lo regulamos?

La respuesta no es sencilla. La preocupación del sector cultural se ha trasladado a foros de debate como Mondiacult, Àgora Cívica, o la plenaria Mutare 2025 de la Fundació Carulla. También se tratará el próximo 13 de julio en la sesión que el Centro de Estudios Comarcales de El Baix Llobregat organiza con colaboración del PEMB: Redes sociales e IA en el mundo cultural.

Asimismo, se ha incluido en el proyecto de Ley de derechos culturales de Cataluña y en el informe anual: Estado de la cultura y de las artes en Cataluña del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes – CONCA, presentado el pasado 15 de junio ante el Parlamento.

Percepción de los profesionales del sector

El capítulo monográfico sobre el impacto de la IA en el ámbito cultural que incluye por primera vez el informe del CONCA, apunta interesantes datos sobre la percepción del sector:

  • El 58% de las 358 personas encuestadas reconoce haber utilizado los sistemas inteligentes alguna vez, pero sólo el 14% los usa de forma habitual y considera que el impacto en sus procesos de trabajo es poco significativo.
  • El 53% cree que ofrece nuevas opciones creativas, pero también que provoca fricciones e incertidumbres, sobre todo en el caso de los derechos de autor que preocupa al 47%.
  • Los profesionales que se dedican a la gestión y producción son los que utilizan más la IA (el 25%) mientras que aquellos que se dedican a la creación la usan menos (el 7%).
  • El 40% la rechazan y un significativo 98% pide una regulación específica.
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IA i cultura
Fuente: Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CONCA). Encuesta sobre la inteligencia artificial y la cultura

Estos datos evidencian que la IA se está integrando como soporte operativo, pero que despierta reticencias en los procesos creativos. A pesar del evidente potencial, la IA avanza a un ritmo lento y desigual según edades, perfiles profesionales y segmentos. Mientras que el cine y la música lo han incorporado de lleno, el sector editorial lo ha hecho en un grado menor.

Inteligencia artificial y procesos creativos

Según el CONCA, "la IA está modificando profundamente los procesos creativos" y afecta a toda la cadena de valor, sobre todo a las fases iniciales que no necesitan intervención humana. Así, se acelera la recopilación de datos y se facilita la experimentación y generación de ideas reduciendo el tiempo de creación. Como consecuencia, aumenta la productividad del artista y la competitividad de las industrias culturales, en especial de pequeñas y medianas empresas. Por el contrario, puede provocar la pérdida de puestos de trabajo de, por ejemplo, traductores, redactores, ilustradores, editores de vídeo, etc.

Esta hibridación persona-máquina nos lleva a lo que se conoce como creatividad aumentada, en la que las herramientas y tecnologías digitales potencian el proceso creativo. Aunque no podemos decir que la IA sea creativa, sí podemos afirmar que amplía las posibilidades creativas y facilita la experimentación. En este punto, me gustaría señalar la distinción semántica entre crear, cuando nos referimos a los humanos, y generar cuando la aplicamos a la IA generativa, capaz de ofrecernos contenidos nuevos a partir de los datos usados durante el entrenamiento.

                                                           Andy Warhol: cultura, arte e inteligencia artificial (Fundació Carulla)

 

Según palabras de la experta en robótica y profesora de la UPC Carme Torres "Más que a una sustitución, vamos hacia una simbiosis entre máquinas y humanos" de manera que los sistemas inteligentes actúan como una especie de prótesis que estimula la creatividad. O como defiende el antropólogo francés André Leroi-Gorhain, "La inteligencia y la creatividad no se sitúan sólo en el cerebro sino que se extienden a las herramientas que usamos".

El futuro pasa, pues, por la estrecha e ineludible interacción persona-máquina, pero corremos el riesgo de que el uso excesivo de la IA generativa conduzca a la pérdida de capacidades cognitivas y creativas (deskilling) y a la generación de contenidos superficiales. Esto no quiere decir que no se pueda usar, sino que debe hacerse de forma ponderada y sobre todo regulada. Si se usa en procesos creativos, hay que hacerlo explícito con el fin de proteger los derechos de autor porqué en este nuevo contexto es de obligado cumplimiento respetar los principios de transparencia y trazabilidad.

De todas formas, conviene no olvidar que por mucho que avance la IA siempre será necesaria la intervención humana. Alguien que redacte el prompt, apriete el botón para que la máquina ejecute las órdenes y valide los resultados. Al fin y al cabo, la responsabilidad última siempre es humana.

Monocultura/diversidad y soberanía cultural

Los datos de entrenamiento de las grandes plataformas, a menudo anglosajonas, pueden replicar estereotipos y perpetuar sesgos (de género, raza, lingüísticos, de edad, socioeconómicos, etc.) por diversas causas. Los más habituales son porqué los datos de origen ya contienen estos prejuicios y también debido a una representación desigual. No sorprenderá a nadie si decimos que el inglés está mucho más presente que el catalán. No podemos decir que sea la IA quien crea estos estereotipos y sesgos, pero sí los extiende y los cronifica.

También se da un fenómeno aún más preocupante. Una marcada tendencia a la monocultura (monocultivo cultural) en la que una sola cultura, lengua y forma de pensamiento domina un territorio y sociedad, reduciendo la diversidad cultural y toda la riqueza que supone. Para contrarrestar este efecto no deseado, es necesario disponer de soberanía cultural: capacidad de una comunidad de desarrollar, preservar y decidir sobre su propia cultura (patrimonio, lengua, tradiciones, formas de vida, etc.) por no verse sometida al dominio de otras culturas. La falta de soberanía cultural puede amenazar de muerte las culturas minoritarias como la catalana y muchas otras.

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IA i cultura

 

Pero no nos engañemos. Las tecnologías y las plataformas digitales no son neutras y a menudo esconden intereses políticos y económicos. Su incidencia en la sociedad es mayor de lo que podríamos pensar. Por ello, hay que evitar los monopolios y crear infraestructuras digitales públicas locales y de código abierto que protejan la soberanía cultural. Sólo la existencia de un corpus propio evita la supeditación a imaginarios ajenos, alejados de los nuestros.

Políticas públicas y regulación

El informe "Artificial Intelligence and Culture", encargado por la UNESCO a un equipo de expertos independientes para analizar el impacto de la IA en la cultura y cómo afrontarlo con políticas públicas, dice que "la inteligencia artificial avanza mucho más rápido que la capacidad de gobernarla desde el ámbito cultural", pero se está trabajando desde diferentes frentes:

  • El marco de referencia en el ámbito estatal es el reglamento europeo, la Carta de Derechos Digitales (2021) y la futura Ley para el buen uso y la gobernanza de la IA. Además, el Gobierno de España ha creado la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA), organismo público encargado de garantizar el uso ético y seguro de la inteligencia artificial en España.
  • En Cataluña disponemos de la Ley orgánica 3/2018 de protección de datos personal y garantía de derechos digitales que se complementa con el proyecto de Ley de Derechos Culturales de Cataluña. El proyecto pone el foco en la protección de los profesionales y en la garantía de las libertades creativas y establece un marco de responsabilidad social y gobernanza con medidas de apoyo y de transparencia. También propone la creación del Observatorio de Ética en Inteligencia Artificial de Cataluña, a través de la Secretaría de Políticas Digitales, que ayudará a empresas y entidades a cumplir los requisitos democráticos, éticos y legales en el uso de esta tecnología. El Observatorio será un ente técnico con herramientas de formación y de autoevaluación.

Para terminar...

La incorporación de los sistemas inteligentes a la cultura afecta a principios básicos, presentes en las misiones del Compromiso Metropolitano 2030, como la equidad o la reducción de desigualdades.

Como dos caras de la misma moneda, la IA puede convertirse en una herramienta de inclusión (por ejemplo favoreciendo la accesibilidad a personas con dificultades visuales o auditivas) o de exclusión si los colectivos vulnerables no tienen acceso a ella y se aumenta la brecha digital. La sostenibilidad ambiental es otro ejemplo. Por un lado, el uso de la IA, sobre todo en la fase de entrenamiento, genera un gran gasto energético, pero, por el contrario, la monitorización del transporte público contribuye a reducir el tiempo de desplazamientos, por poner un ejemplo medioambientalmente favorable.

La incidencia en la misión 'Vitalidad cultural': "Promover los derechos culturales para convertirse en una metrópoli más justa, equitativa y sostenible" es evidente. También lo es en sus ámbitos de actuación (o palancas): derechos culturales (acceso, protección de los profesionales, transparencia), talento creativo (innovación y nuevas formas de expresión), lengua y cultura catalana y especialmente en la soberanía (gobernanza) cultural, punto clave de la relación entre IA y cultura que plantea este artículo.

Algunas de las conclusiones de la UNESCO, el CONCA y la plenaria Mutare 2025 son:

  • La inteligencia artificial no es sólo una cuestión tecnológica, sino sobre todo cultural, social y democrática. Un cambio de paradigma en el que la cultura debe asumir un rol de liderazgo; no sólo como parte afectada sino también como facilitadora de esta profunda transformación.
  • Las decisiones a tomar sobre el tema deben ser siempre colectivas y poner el foco en la responsabilidad humana y los derechos culturales.
  • La tecnología debe servir a la humanidad y no al revés, poniendo la dignidad humana y la diversidad en el centro de cualquier estrategia de IA.
  • La tradicional línea que separa creación y tecnología debe difuminarse para crear equipos de trabajo multidisciplinarios e incluir las competencias IA en los currículos artísticos.
  • Se deben definir políticas públicas y transversales, y el marco ético adecuado, para preservar la innovación, los derechos culturales y la sostenibilidad.
  • Hay que proteger la soberanía cultural para garantizar la supervivencia de nuestra cultura y alejarla del dominio de culturas ajenas.

Como decía el filósofo griego Heráclito: "Lo único constante es el cambio", pero los cambios no siempre van al mismo ritmo. La cultura está en una fase de adaptación y consolidación mientras que la IA está en modo de aceleración constante. Tendremos que acompasar los ritmos porque -recuperando la frase de Darwin que encabeza este post.- sólo sobreviven aquellos que se adapten al cambio. Quizás deberíamos añadir lo siguiente: de manera rápida, a tiempo, con buen criterio y políticas públicas que lo acompañen. Y lo más importante: poniendo al ser humano en el centro.

 

Fuentes consultadas: