Informar, subvencionar o regular: ¿Qué funciona para mejorar la eficiencia energética de las viviendas?
En Cataluña, el ámbito residencial genera un 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la quema de combustibles fósiles para calefacción, cocina o agua caliente (Oficina Catalana del Canvi Climàtic, 2023).
En este contexto, mejorar la eficiencia energética de los edificios parece una de esas políticas en las que todo el mundo gana: se reducen emisiones, baja el consumo de energía y, en muchos casos, también disminuye la factura de los hogares. Pero si los beneficios son tan claros, ¿por qué aún hay tantos edificios ineficientes en Cataluña?
La respuesta no es sencilla. Rehabilitar una vivienda o invertir en tecnologías más eficientes requiere dinero, información, tiempo, confianza y capacidad de gestión. Y estos recursos no se encuentran repartidos de manera equitativa entre todos los hogares. Para una familia con pocos ahorros, la barrera principal puede ser avanzar el coste inicial de una obra que únicamente se recuperará con el tiempo. Para otro hogar, en cambio, el obstáculo puede ser entender si le compensa cambiar un electrodoméstico, sustituir la caldera o mejorar el aislamiento, sobre todo cuando la información disponible es técnica, dispersa o difícil de traducir en ahorros concretos.
Conscientes de la existencias de este tipo de barreras, muchos gobiernos alrededor del mundo han puesto en marcha instrumentos para facilitar que las familias tomen decisiones más informadas y puedan hacer frente al coste de las inversiones. En el marco del proyecto "¿Qué funciona contra el cambio climático?", impulsado por Ivàlua, la Generalitat de Catalunya y el Col·legi d'Ambientòlegs de Catalunya, hemos revisado la evidencia disponible para entender qué instrumentos funcionan mejor, en qué casos y bajo qué condiciones. En concreto, la revisión se centra en tres familias de políticas: políticas informativas, orientadas a hacer visible el nivel de eficiencia de las viviendas y los electrodomésticos; ayudas económicas, destinadas a reducir el coste de las inversiones; y códigos de edificación, que establecen requisitos mínimos de eficiencia para edificios nuevos.
¿Qué podemos aprender de esta evidencia para diseñar políticas de eficiencia energética más efectivas para el área metropolitana de Barcelona?
Informar ayuda cuando permite visualizar el retorno de la inversión
La primera tipología de políticas consiste en dar información a las personas consumidoras para que escojan opciones más eficientes. El ejemplo más conocido es el etiquetado energético de los electrodomésticos, que clasifica los aparatos según su nivel de eficiencia.
La evidencia muestra que proporcionar información sobre los beneficios energéticos o ambientales de tener un electrodoméstico más eficiente puede incrementar su adquisición, pero el efecto acostumbra a ser moderado. Es decir, informar ayuda, pero solo es suficiente para cambiar las decisiones de compra de unos pocos hogares. En cambio, la información funciona mejor cuando se presenta en términos económicos. Dicho de otra forma: explicar cuanto dinero se puede ahorrar a lo largo de la vida útil de un aparato es más efectivo que informar únicamente de los beneficios ambientales derivados de un menor consumo de energía.
Esto tiene implicaciones prácticas. Las etiquetas energéticas son útiles, pero pueden ser difíciles de interpretar si no ayudan a responder una pregunta muy concreta: "Cuánto ahorraré realmente a lo largo de los años si compro esta lavadora más eficiente?". Por ello, herramientas que calculen el coste de vida útil de los electrodomésticos o formación específica al personal de ventas para facilitar esta información a las personas compradoras pueden hacer que el etiquetado sea más efectivo.
En el ámbito de la vivienda, las administraciones también han impulsado auditorías y certificados energéticos con un objetivo similar: ayudar a los hogares a conocer el comportamiento energético de los edificios e identificar posibles actuaciones para mejorar su eficiencia.
La evidencia disponible apunta a una lección similar a la que observábamos en el caso de los electrodomésticos. Conocer mejor el comportamiento energético de una vivienda no parece suficiente, por si solo, para desencadenar inversiones. Diferentes estudios muestran que proporcionar información sobre el consumo energético o facilitar auditorías energéticas a menudo no se acaba traduciendo en más actuaciones de rehabilitación o en la adopción de nuevas tecnologías eficientes.
Los resultados son más prometedores, en cambio, cuando la información energética se incorpora en contextos en los que las inversiones en eficiencia pueden traducirse más fácilmente en un beneficio económico para la propiedad. Los estudios muestran que hacer visible la calidad energética de los edificios permite que ésta se refleje más claramente en los precios de venta o alquiler. A su vez, un estudio determina que, entre los propietarios que ponen su vivienda a la venta, la obtención de esta información augmenta aproximadamente un 30% la participación en programas de ayuda a la rehabilitación energética. En conjunto, estos resultados sugieren que la información es más efectiva cuando no solo permite identificar oportunidades de mejora, sino también percibir de manera clara cómo estas mejoras pueden traducirse en un retorno económico. Esta lectura es especialmente relevante para el caso de Cataluña, donde el certificado de eficiencia energética ya es obligatorio en los procesos de compra-venta y alquiler de viviendas.
Las subvenciones funcionan, pero hay que focalizarlas bien
Más allá de la información, las ayudas económicas son otra de las herramientas más utilizadas para impulsar inversiones en eficiencia energética. Su lógica es sencilla: reducir el coste de la inversión para superar una de las principales barreras a las que hacen frente muchos hogares a la hora de adoptar este tipo de medidas. Pueden tener diferentes formas, desde subvenciones para adquirir electrodomésticos eficientes hasta ayudas para rehabilitar viviendas, mejorar los sistemas de climatización o reforzar el aislamiento de los edificios.
La evidencia disponible sugiere que estas ayudas pueden favorecer la adopción de tecnologías más eficientes e impulsar actuaciones de rehabilitación energética. En este sentido, las subvenciones pueden ser una herramienta efectiva para acelerar inversiones que, sin apoyo público, no siempre se materializarían.
Ahora bien, la efectividad de estos programas depende en gran medida de su diseño. Uno de los principales riesgos es acabar subvencionando inversiones que se habrían hecho igualmente sin esa ayuda. Un riesgo especialmente evidente cuando las convocatorias persmiten subvencionar actuaciones ya ejecutadas. Si un hogar ha decidido hacer la inversión asumiendo íntegramente el coste antes de conocer la ayuda, es difícil argumentar que subvención haya influido en la decisión de invertir de este hogar. En estos casos, el gasto público reduce el coste soportado por el hogar, pero no incrementa el número de actuaciones llevadas a cabo. Por lo tanto, una buena política de subvenciones no es la que llega a más hogares, sino la que llega a los hogares para los cuales la ayuda es determinante para hacer la inversión.
Un segundo reto es evitar que las ayudas acaben beneficiando sobre todo a los hogares con más recursos. A menudo, estas tienen más capacidad para adelantar el coste de las obras, entender las convocatorias, preparar la documentación o gestionar proyectos de rehabilitación complejos. Como consecuencia, los hogares que afrontan más dificultades económicas pueden quedar infrarrepresentados entre las personas beneficiarias. De hecho, un estudio reciente sobre los programas PREE y PREE5000 en Cataluña muestra que los municipios de renta baja presentaron relativamente pocas solicitudes pese a que las necesidades de rehabilitación y los costes de las intervenciones tienden a ser más elevados en estos entornos.
Esto sugiere que, en algunos casos, no es suficiente con poner recursos económicos a disposición de la ciudadanía. Los hogares y comunidades de propietarios también pueden necesitar apoyo para identificar las actuaciones más adecuadas, entender los requisitos de los programas o gestionar el proceso de rehabilitación. Instrumentos como las oficinas de rehabilitación o las ventanillas únicas pueden, por lo tanto, complementar las ayudas económicas y facilitar que éstas lleguen a los colectivos que más las necesitan. En este sentido, es positivo que iniciativas como la Agenda compartida para la descarbonización inclusiva en la rehabilitación de viviendas en la región metropolitana de Barcelona incorporen líneas de acompañamiento a la ciudadanía en los procesos de rehabilitación.
Las normas de construcción pueden mejorar la eficiencia energética de los edificios, pero hay que vigilar los efectos distributivos
Los códigos de edificación establecen requisitos mínimos de eficiencia energética para los nuevos edificios o para determinadas reformas. A diferencia de las políticas basadas en la información o las subvenciones, no buscan incentivar una decisión individual, sino fijar un estándar mínimo que todos los edificios deben cumplir.
La evidencia disponible sugiere que estos estándares pueden contribuir a mejorar la eficiencia energética de los edificios y reducir su consumo energético, especialmente el consumo de gas. En este sentido, pueden ser una herramienta útil para evitar que se continuen construyendo edificios que generen consumos energéticos elevados durante décadas.
Eso sí, también pueden comportar efectos no deseados. Pese a que la evidencia sobre esta cuestión es todavía limitada, un estudio demuestra que el aumento de los requisitos de eficiencia energética llevo a los promotores a construir viviendas más pequeñas y con menos atributos en los segmentos de renta más baja.
Conclusión: escoger el instrumento adecuado es importante, pero diseñarlo bién aún lo es más
En el conjunto de Cataluña, cerca del 80% de los edificios con certificado de eficiencia energética obtienen una calificación E o inferior. Según el Plan metropolitano de rehabilitación de viviendas, un 63% de los edificios del área metropolitana de Barcelona tienen potencial de rehabilitación. Las oportunidades de mejora son, por lo tanto, muy importantes.
La evidencia revisada muestra que disponemos de instrumentos que pueden ayudar a impulsar estas mejoras, pero que sus resultados dependen en gran medida de cómo se diseñan.
La pregunta, pues, no es solo qué instrumentos debemos utilizar para promover la eficiencia energética, sino cómo podemos utilizar la evidencia para mejorar las políticas que ya tenemos en marcha y diseñar políticas todavía más efectivas en el futuro.
Éste artículo se basa en la síntesis de evidencia '¿Qué funciona para mejorar la eficiencia energética de los edificios? elaborada en el marco del proyecto '¿Qué funciona contra el cambio climático?'. La revisión completa está disponible en la web de Ivàlua.