Una pequeña cata de la semana laboral de 32 horas: la experiencia de la oficina de coordinación del PEMB durante la Time Use Week 2024

¿Es posible reducir la jornada laboral manteniendo el sueldo sin comprometer la productividad? Esta es una pregunta que recurrentemente aparece en la agenda pública. Si en los años noventa del siglo pasado la semana laboral de 35 horas instaurada en Francia fue objeto de atención, ahora es el debate sobre la posibilidad de hacer semanas laborales de 4 días (32 horas semanales) lo que ha ido ganando protagonismo. Como parte positiva de adoptar una semana laboral de cuatro días se han citado aspectos emocionales, pero también de productividad e incluso de sostenibilidad ambiental. Esto ha hecho que en varios países se hayan realizado pruebas piloto para evaluar su factibilidad, incluyendo España, donde el Ministerio de Industria ha patrocinado una iniciativa que ha implicado a 41 empresas.
El interés que tenemos por iniciativas como esta desde el PEMB es doble. Por un lado, encaja muy bien con los retos planteados en la misión 'Niveles de renta suficientes' del Compromiso Metropolitano 2030. Por otro lado, como centro de trabajo, también nos interesa ver qué implicaciones puede tener en la práctica y el impacto que puede tener tanto en la productividad como también en el bienestar de las personas que trabajan en la asociación.
En el transcurso de los últimos años hemos ido adoptando medidas que van en esta dirección, en buena parte por situaciones sobrevenidas, pero también en parte de manera más proactiva. Así, por ejemplo, ya hace tiempo que aplicamos la combinación de horario sincrónico y asincrónico entre los equipos, hemos consolidado la posibilidad de teletrabajar una parte importante de la semana laboral, y las políticas de desconexión digital son más estrictas de lo que fija la normativa.
La Time Use Week de este año, promovida por la Time Use Initiative (a la que estamos adheridos), nos proporcionó la oportunidad de poder testear alguna iniciativa encaminada a la conciliación y a la reducción de la jornada laboral. Entre las actividades destacaba la posibilidad de realizar acciones demostrativas a partir de un catálogo de opciones. En nuestro caso, y teniendo en cuenta que ya tenemos en vigor el resto de acciones propuestas, nos acabamos decantando por hacer una prueba piloto de semana laboral de 32 horas, siendo una de las dos entidades que escogimos esta opción.
Representantes de las entidades participantes a la Time Use Week 2024
Plantearse una iniciativa de estas características es un reto, especialmente si se quiere ir más allá de la mera declaración de intenciones o de un ejercicio de voluntarismo. Siendo conscientes de las limitaciones del ejercicio, circunscrito a una única semana y en una organización donde el punto de partida es más favorable que el que podría existir en una organización-tipo, queríamos intentar extraer algunas conclusiones sobre la experiencia y, sobre todo, aprendizajes de aquellas cosas que habían funcionado, pero también de aquellas que no.
Antes de dar la confirmación, pudimos comprobar en el calendario que se trataba de una semana estándar para nosotros. Aunque sí teníamos dos actividades programadas de cierta entidad la semana anterior y la posterior a la TUI, esa semana no teníamos actividades externas. Tampoco había viajes o desplazamientos, o plazos de entrega, dos aspectos que podían contaminar en parte el análisis.
Informamos a toda la plantilla con tres semanas de antelación para que lo tuvieran en cuenta a la hora de programar reuniones o actividades en las que tuviéramos el control de la agenda. Aquí fue donde se generó la primera duda: ¿semana de cuatro días con jornada diaria de horas o semana de cinco días con jornada diaria de 6,4 horas? Se trata de un debate interesante porque, en función de la edad o del tipo de estructura familiar, las preferencias pueden ir en una u otra dirección. Por el momento, dejamos libertad a las personas trabajadoras para que escogieran cuál de las dos opciones cogían, eso sí, restringiendo el día libre si se cogía la semana de 4 días, que fijamos en viernes.
En el correo se pedía explícitamente ajustar la jornada semanal a las 32 horas salvo casos en los que, por actividades programadas donde no teníamos margen de maniobra, eso podía suponer acabar haciendo más horas. La razón de esta petición es que queríamos testear si una reducción de 37,5 horas a 32 horas podía ser fácilmente absorbible por un mejor uso del tiempo, o si por el contrario era muy difícil o directamente imposible el ajuste.
Posteriormente a la acción pedimos rellenar una encuesta de valoración, preguntando por el número de horas efectivamente realizadas, si la reducción horaria había supuesto renunciar a tareas y, en el caso de aquellas personas que no pudieron ajustarse a las horas, cuáles fueron los motivos. La encuesta fue anónima y por este motivo no se preguntó ningún tipo de dato sociodemgráfico. La práctica totalidad de la plantilla contestó.
De los resultados de la encuesta sacamos una serie de datos bastante interesantes:
- No existe un consenso en cómo articular esta semana de las 32h, pero sí hay una preferencia por la semana de 4 días. La mitad de las personas realizaron la jornada de 4 días, de lunes a jueves. Una parte del resto habrían deseado hacerla, pero por compromisos ya adquiridos se vieron con la obligación de hacerla completa.
- Si la semana laboral de 32 horas se acabara implementando de manera definitiva, la mayoría de respuestas se decantaban por una jornada de 4 días a la semana, como mínimo una parte del año.
- A la pregunta de cuántas horas se acabaron realizando, la mitad declararon haber hecho 32, pero casi todo el resto de plantilla declaró entre 32 y 35.
- Algunas de las personas que afirmaron haber cumplido las 32 horas declararon haber tenido problemas para ajustarse, teniendo que posponer tareas importantes, pero no urgentes, para la semana siguiente. Por otro lado, una parte importante de las personas que hicieron más de 32h fue debido a compromisos ya programados (reuniones sobre todo) y no recalendarizables. Sólo un tercio de las respuestas apuntaba a motivos sobrevenidos para justificar el tiempo extra.
- La semana de las 32h es viable únicamente con un trabajo importante de mejora de gestión del tiempo y priorización de tareas. En cambio, si la reducción fuera a 35 horas semanales, la mitad de las personas encuestadas apuntan que sería factible con cambios menores.
Esta experiencia puntual nos ha servido para ver que hay potencial para reducciones del tiempo de trabajo mediante una mejor gestión del tiempo en el trabajo, pero también una mejor planificación. En este sentido, esta percepción también aparece en la evaluación de riesgos psicosociales que periódicamente debemos realizar. Es un campo en el que todavía nos queda bastante por trabajar, especialmente en lo que respecta a colaboraciones con otras entidades, en un contexto en el que cada vez trabajamos más en red.