La cultura: ¿coste o valor?

Dicen que una ciudad que mira adelante es aquella que invierte en infraestructuras y cuando escuchamos esta acertada afirmación, nuestra mente se llena de imágenes de puentes, carreteras, autopistas ... La cultura, sin embargo, también necesita que se creen las bases y las estructuras necesarias (diferentes, claro) para llegar allí donde sería deseable: estar al alcance de todo el mundo, sin excepciones.

Imagen de recurso de la inauguración del Teatro Griego

Son numerosos los esfuerzos e iniciativas culturales que se impulsan en Cataluña y en el área metropolitana. Los festivales de música y teatro son una buena muestra de ello. Algunos más alejados geográficamente como la Fira de Teatre al carrer de Tàrrega, Temporada Alta de Salt o el Castell de Peralada y otros más cercanos. Barcelona tiene ejemplos destacados en ambos ámbitos como el Sónar, el Primavera Sound, los Jardines de Pedralbes y especialmente el Grec que cada verano llena espacios culturales y escénicos de nuestra ciudad (Mercat de les Flors, Biblioteca de Catalunya, Romea, Lliure Montjuic y por supuesto el emblemático Teatre Grec).

A estas alturas, parece imposible concebir un julio sin el estrés que supone hacer una buena elección de entre la extensa programación de música, teatro, danza y circo que nos ofrece este festival. Sólo por poner algunos ejemplos: 'Bodas de sangre' en la Biblioteca de Catalunya, 'Troyanas' de Eurípides en el Teatre Grec, 'Un tret al cap' con Emma Vilarasau en la renovada Sala Beckett, 'Calígula' con Pablo Darqui, el 'Hespèrion XXI 'del músico Jordi Savall, o el peculiar baile de Israel Galván en el Mercat de les Flors. Difícil decisión.

En la mayoría de municipios metropolitanos se fomenta el acceso a la cultura desde ámbitos diferentes. Sólo por poner algunos ejemplos, podemos hablar del Teatro-Auditorio de Sant Cugat con una amplia programación que incluye tanto espectáculos infantiles como ópera o ciclos de cine en VOSE, las amplias instalaciones de La Farga en L'Hospitalet que acoge ferias y exposiciones internacionales o el Espai Betúlia de Badalona que fomenta la lectura y el patrimonio literario a través de tertulias y conferencias.

Son muchos los elementos que conforman este panorama cultural en la metrópoli. En gran medida contribuye también la tarea que se realiza a través de las redes de bibliotecas que ofrecen a sus usuarios - aparte de la tradicional consulta y préstamo de libros - otras actividades como charlas, conferencias, coloquios o clubs de lectura. Las bibliotecas actuales se han convertido en espacios sociales donde cohabitan y comparten interés todos los públicos, desde ancianos a niños. Con la complicidad de los centros cívicos que, con una amplia oferta de talleres, se han convertido también en un factor de cohesión social en muchos de nuestros barrios. Sin olvidarnos de las escuelas municipales de música y algunas librerías.

Estas iniciativas y muchas otras (no acabaríamos) deben sustentarse en una política cultural que, con visión holística, decida cuál es la mejor vía para lograr sus objetivos.

El pasado 12 de junio, Jaume Collboni, teniente de alcalde de Empresa, Cultura e Innovación del Ayuntamiento de Barcelona y director del Instituto de Cultura de Barcelona - ICUB, ofrecía en el Teatre Romea una conferencia titulada 'Rompiendo los muros ... del teatro! 'en la que hizo el balance del primer año al frente del ICUB y comentó las líneas de trabajo a seguir por el Consistorio que se basan en tres ejes: generar complicidad entre iniciativas públicas y privadas, poner en valor el talento creativo barcelonés y crear nuevos públicos.

Las cifras son buenas (2.600.000 espectadores en Barcelona, recuperando datos anteriores a la crisis) y esperamos que lo sean más tras la rebaja del IVA que hasta ahora grababa el teatro con el 21% pero no basta con ello. Debemos ser capaces de despertar el interés de otros colectivos y abrir nuevos caminos como ya lo están haciendo la Nau Ivanov o la Sala Beckett, que actúan a todos los efectos como fábricas de creación.

Con el tiempo, afortunadamente, nos hemos acostumbrado a la oferta cultural de la que disfrutamos. La damos por supuesta y a menudo olvidamos la inversión económica que conlleva y que siempre parece insuficiente. Tenemos la tendencia a hablar de importes, porcentajes, estadísticas, rentabilidad, índice de ocupación de teatros o de uso de bibliotecas y por supuesto del IVA, ... pero la cultura es mucho más que eso. Es un bien que no se puede medir en términos económicos sino de beneficios (no ganancias), a menudo intangibles, que aporta a las personas.

En ningún caso, sin embargo, debería considerarse como un coste sino como un valor que todo gobierno inteligente debería obligarse a ofrecer a sus ciudadanos. Como decía Collboni en su conferencia 'el teatro es probablemente la manera más sólida, junto con la literatura, de crear ciudadanos cultos'.

Una ciudad que ofrece cultura a sus ciudadanos es una ciudad que quiere crecer, que valora por encima de todo el bienestar de los suyos y que invierte tiempo y recursos en ofrecerles lo que necesitan. Porque si no fuera así, sí que deberíamos hablar de coste y no de valor: el coste en términos negativos que supondría no dotar a los ciudadanos de un elemento tan esencial para vivir como es la cultura. Y eso no es lo que queremos ¿verdad?

Quizás ha llegado el momento de analizar - con perspectiva de futuro - todo lo que se 'cuece' en el ámbito metropolitano de Barcelona y crear una política cultural integrada que permita unir y rentabilizar esfuerzos.

Las opiniones de los autores y las autoras no representan necesariamente el posicionamiento del PEMB.

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