El decrecimiento aparece en la agenda política catalana

“Si un hombre pasea por el bosque por placer todos los días,

corre el riesgo de ser considerado un gandul,

pero si dedica el día entero a especular talando los árboles

y dejando la tierra árida antes de tiempo,

se le querrá como a ciudadano trabajador y emprendedor”

(Thoreau, 2012, p.52) [1]

 


El único crecimiento sostenible es el decrecimiento

Habiendo peregrinado durante años por círculos intelectuales y movimientos alternativos manteniéndose en la marginalidad del debate público, el pasado 7 de setiembre el decrecimiento apareció en el Parlamento de Cataluña. El debate principal sobre la convocatoria del referéndum y la aprobación de la ley de transitoriedad eclipsó cualquier otra cuestión, no obstante, y aunque probablemente no fuera el día más adecuado para plantearlo, el diputado Sergi Saladié (CUP – Crida Constituent) interpelaba al vicepresidente del Gobierno de la Generalitat sobre el decrecimiento.

En una entrevista previa, el diputado de la CUP afirmaba que usaría la interpelación como primer paso para introducir el debate sobre el decrecimiento dentro del posible proceso constituyente catalán. Sea como sea, que se incorpore el decrecimiento al debate político es una muy buena noticia de la que incluso se han hecho eco internacionalmente, como puede verse en las referencias de Resilience y Steady State Manchester.

No obstante, y de manera comprensible si se tiene en cuenta el formato y el tiempo disponible para la interpelación, la respuesta, la réplica y la contraréplica, el tratamiento de la cuestión puede haber contribuido más a la confusión generalizada que existe alrededor del decrecimiento que no a la clarificación de los conceptos. De hecho, el propio Oriol Junqueras empezaba su respuesta con la pregunta retórica: “¿Qué entendemos por decrecimiento?”.

Es relevante porqué es una de las dificultades con las que siempre se encuentra el decrecimiento; el de la propia definición. Y en el debate no quedó claro qué era el decrecimiento porqué no se definió del todo. La definición que dio Saladié es la siguiente: “El tránsito de manera ordenada, democráticamente dirigida y socialmente justa hacia un modelo económico que se base en la estacionariedad económica y en la capacidad de regeneración del planeta”. Es una definición razonable pero incompleta por dos motivos:

  1. El decrecimiento ya es, en sí mismo, un nuevo modelo económico. Es una propuesta de organización social que huye, entre otros, del objetivo de crecimiento económico tal y como está definido a día de hoy. Por lo tanto, el decrecimiento no puede ser sólo “el tránsito… hacia un modelo económico”, sino que es el propio modelo económico resultante, en el que las palabra tienen otros significados.
  2. Una vez alcanzado el decrecimiento, hablar de “estacionariedad económica” es ininteligible con la propuesta de modelo económico que es el propio decrecimiento. Por lo que decíamos antes; porqué el decrecimiento supera la visión mercantilista y crematística de la economía subvirtiendo las definiciones. En este sentido, una señal de haber alcanzado el decrecimiento, sería la no necesidad de buscarle adjetivos a la economía como ha pasado en los últimos años. Las visiones críticas al modelo económico convencional (a la “Economía”) han tenido que diferenciarse de lo que se entiende mayoritariamente como economía a base de ponerse adjetivos: economía feminista, economía ecológica, economía del bien común, economía azul, etc. Y, mientras tanto, la economía seguía siento economía convencional. El decrecimiento propone nuevas definiciones y nuevos indicadores, como la huella ecológica, para valorar si la economía (sin adjetivos) va bien. En este sentido, “la estacionariedad económica” en un modelo como el actual (más cuantitativo que cualitativo), basado en la extracción, la transformación, el consumo y el rechazo de los recursos naturales sí que es deseable. Pero en una sociedad decrecentista (más cualitativa que cuantitativa), en la que la economía esté basada en la cura hacia el prójimo y el medioambiente, la estacionariedad económica no sería tan inteligible.

El decrecimiento es heredero, entre otros, de los Living poor with style, d'Ernest Callenbach, del Small is beautiful, de Ernst F. Schumacher, así como de los trabajos más académicos de mediados de la década de los sesenta, como el The economics of the coming spaceship earth, de Kenneth Boulding, y de los principios de la década de los setenta como el Limits to growth, también conocido como el informe Meadows, del Club de Roma, y uno de los mejores regalos que nunca nadie ha hecho a la humanidad: The entropy law and the economic process, de Nicholas Georgescu-Roegen. De hecho, la tradición viene de más lejos y, en parte, es por este motivo que abro el artículo con la cita de Thoreau. Podríamos remontarnos también al An essay on the principle of population, de Thomas Robert Malthus porqué, aunque no contemplara los avances tecnológicos ni la revolución industrial, la idea de fondo era la misma: en un planeta finito, el crecimiento infinito sobre una base material es insostenible.

Todas estas obras, y las que se enmarcan dentro de la misma corriente, tienen, sobretodo, dos cosas en común; la primera, que acabamos de comentar, que en un mundo finito es indeseable un consumo de recursos naturales infinito y, la segunda, que la valoración de las cosas depende de su definición, y que éstas son construcciones sociales que, el hecho que circunstancialmente sean de una manera significa que, también, podrían serlo de otra. El decrecimiento, como nueva forma de organización social, ya incorpora el cambio de definiciones e instrumentos de medida necesarios.

Sintetizar el decrecimiento en una entrada de blog es imposible, así que, avanzándome a la crítica más fácil, que proviene de la visión tecnooptimista y que diría que la tecnología nos permitirá siempre ir encontrando soluciones más eficientes en el consumo de recursos, invito al lector a conocer la paradoxa de Jevons.

 


[1] Thoreau, H. D. (2012). Desobediencia civil y otros escritos. Alianza Editorial.

[2] Recordamos que la palabra economía proviene de las palabras griegas oikos y nomos y que en su sentido más literal haría referencia a la organización de la casa entendiendo como casa cualquier subsistema que dependa del ecosistema Tierra (Bienvenidas, leyes de la termodinámica).

Las opiniones de los autores y las autoras no representan necesariamente el posicionamiento del PEMB.

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