APROP, una iniciativa para el futuro

Las dificultades de acceso a la vivienda se han convertido en uno de los principales dolores de cabeza para capas importantes de la población barcelonesa, y en especial para las generaciones más jóvenes. El fuerte incremento en los precios del alquiler desde 2014, unido a la congelación de la renta disponible, y un marco legal (la ley del alquiler) que no ofrece estabilidad para los inquilinos, están generando importantes problemas de carácter social. A esta situación, relativamente reciente, hay que unirse una de carácter más estructural, derivada de la insuficiencia de ingresos para poder acceder a una vivienda o poderla retener. Sin tratarse de un problema común en las grandes metrópolis, como recientemente apuntaba el último libro de Richard Florida, este ha impactado de manera especial en Barcelona.

Uno de los pisos del proyecto APROP

Una parte importante de los problemas en Barcelona derivan de la falta de un parque de vivienda social, que bien bajo la tenencia de la administración pública, bien por entidades del tercer sector, ayudara a mitigar las oscilaciones del mercado y también ayudara a dar soluciones a todas aquellas personas que por falta de ingresos corren el riesgo de quedarse en la calle. No es el momento ahora de lamentarse de errores, de falta de previsión, o, lo más probable, de falta de visión que se tuvo en el pasado, cuando incluso la propia administración o las cajas de ahorros se desprendieron de buena parte de su parque público de alquiler. La realidad es que contamos con un parque de vivienda pública que apenas llega al 2% del conjunto, y que incluso con políticas muy expansivas de creación de un parque público de viviendas tardaremos bastantes años a converger a cifras que serían razonables.

Es por este motivo que son bienvenidas todas aquellas alternativas que puedan ofrecer una vivienda digna con unos costes competitivos. Hace un año ya hablé de una iniciativa, La Borda, muy innovadora en cuanto a concepto (covivienda) como por el régimen del suelo (cesión de uso), y que actualmente está a punto de acoger los primeros residentes. Otra iniciativa, esta más reciente, es el proyecto APROP (Alojamientos de Proximidad Provisionales), un proyecto promovido por el área de derechos sociales del Ayuntamiento de Barcelona con el objetivo de poder hacer frente de manera rápida y sostenible al expulsión del vecindario de los barrios.

El sistema se basa en un diseño constructivo industrializado consistente en módulos. Se trata de una variación de un producto que ya funciona en varias ciudades punteras, como Le Havre, Copenhagen o Amsterdam. El caso más conocido es seguramente este último, donde a mediados de la década pasada se construyeron 1000 viviendas para estudiantes mediante un sistema de contenedores. El proyecto, que debía durar cinco años, ha tenido una vida más larga, posponiéndose su desmontaje el 2021, coincidiendo con el desarrollo del área donde se instalaron. Los módulos no se destruirán, sino que se pondrán a la venta para darles una segunda vida en otro lugar.

Durante estos días y hasta el 29/07 se puede visitar junto al Diseño Hub una muestra de los pisos piloto en sus variantes estándar (para una o dos personas) y en versión doble (para una pequeña familia). Si tenéis la oportunidad, acercaros y pasad un rato. En principio, y a pesar de lo que pueda pensarse, estos edificios están pensados para ser eficientes desde un punto de vista ambiental. Se prevé dotarlos de cubiertas y de huertos, así como de mecanismos de generación de energía. Si todo va bien, se prevé que a finales de 2018 ya se pueda disponer de 92 nuevas viviendas en tres promociones en solares públicos, con un coste estimado de poco más de 5 millones de euros.

Creo que la iniciativa, ahora en fase piloto, puede ser un buen revulsivo para el mercado de la vivienda, ya que dispone de una versatilidad muy elevada en relación a otras alternativas más convencionales. Asimismo, puede ser una iniciativa muy económica en aquellos barrios de Barcelona que por sus características (casas con pocas plantas y calles estrechas) puede ser muy caro levantar una promoción de viviendas convencional, contribuyendo asimismo a una mayor capilaridad de la vivienda social en todo el territorio, evitando así la tradicional tendencia a concentrarse en determinadas zonas, con los consiguientes riesgos que históricamente ha comportado.

Ahora bien, ¿tendrán éxito este tipo de alojamientos? Tradicionalmente hemos tenido la tendencia a menospreciar las construcciones en módulos prefabricados, ejemplificada en el rechazo a los 'barracones' en las escuelas. Superar estas reticencias será clave para que esta iniciativa tenga éxito y pase a formar parte del mix de soluciones para hacer frente al problema de acceso a la vivienda. En este sentido habrá que ser especialmente cuidadosos en la calidad de la construcción (a menudo el talón de Aquiles de estas instalaciones), pero también en el mix de residentes que los ocupen. Y es en este punto donde deberíamos intentar que este fuera lo más amplio posible, incluso facilitando medidas que permitan integrar a más colectivos de los que actualmente la normativa permite. En experiencias en otras ciudades, los destinatarios habituales de estas instalaciones eran estudiantes universitarios. Quizá no sería una mala idea ampliar el programa piloto e incluir un edificio de apartamentos para estudiantes, como tampoco sería mala idea ampliarla a otros municipios del área metropolitana.

Las opiniones de los autores y las autoras no representan necesariamente el posicionamiento del PEMB.

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