Testimonios

La entrevista

PEMB

Francesc Raventós

Primer presidente de la Comisión Ejecutiva del Plan Estratégico Barcelona 2000

En 1987, con Pasqual Maragall como alcalde de Barcelona, se gestó un plan estratégico para la ciudad. ¿Cómo surgió?

En octubre de 1986, Barcelona fue nombrada sede de los Juegos Olímpicos, y ocho meses después hubo elecciones municipales. En el Ayuntamiento de Barcelona ganó la lista encabezada por Pasqual Maragall, donde yo estaba, y me nombró teniente de alcalde de Organización y Economía. Todo el mundo veía con entusiasmo la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 y las inversiones que se harían, pero se temía que después de los Juegos hubiera una parálisis. La pregunta permanente era: “Y al día siguiente, ¿qué?”.

Propuse al alcalde Maragall hacer un plan estratégico de ciudad en la perspectiva del año 2000. Dije que había que hacer un plan de ciudad pero hecho por la ciudad, no por el Ayuntamiento de Barcelona, porque si no quedaría un documento más frío y la gente no se lo sentiría suyo.

Un plan estratégico, un concepto relativamente nuevo en aquellos momentos. ¿Cómo lo definieron?

En una ciudad que hacía pocos años que había salido de la dictadura, no había ninguna referencia de diseñar planes de futuro con participación de la ciudad. Un tema fundamental y en el que Maragall jugó un papel clave fueron las características que debía cumplir el plan; debía ser económico y social, inicialmente se planteó que sólo fuera económico, y Maragall insistió en que fuera económico, social, participativo, aprobado por consenso y con colaboración público.

¿Qué destacaría de la labor de Francesc Santacana durante 25 años?

Me pareció un candidato ideal, porque tenía experiencia y sentido común. Después demostró que la elección había sido un acierto. En Santacana fue el alma conductora del plan. Hizo una gran labor profesional y puso un gran entusiasmo. Su muerte ha sido para todos una gran pérdida humana e intelectual.

¿Cuáles eran los grandes retos y las necesidades más importantes a las que había que hacer frente?

Impulsar la ciudad económicamente; corregir el déficit de infraestructuras; atraer inversiones; desarrollar el conocimiento, la innovación y la investigación, y dar respuesta a las necesidades sociales por los grandes déficits heredados de las políticas de la dictadura.

¿Cuál es el legado más importante que ha dejado usted el PEMB?

La satisfacción de haber hecho una propuesta de colaboración amplia y de consenso, que se ha demostrado útil para los ciudadanos. Pero lo más importante fue que la propuesta se materializara. También fue un motivo de satisfacción el hecho de que el plan sirviera de referencia a otras ciudades españolas y sudamericanas.

Como visionario que es, ¿hacia dónde debemos que ir ahora?

Dentro de un marco de una hiperincertesa, el Plan Estratégico Metropolitano debe saber identificar las transformaciones y potencialidades que el nuevo entorno ofrece para impulsar una metrópolis internacional, multicultural, abierta, que valora la cultura, dispone de un potente capital humano y quiere ser un modelo de sociedad de progreso económico y social. Barcelona ha de crear un tejido empresarial innovador y, al mismo tiempo, ser un hub de debate y de búsqueda de soluciones a los campos de futuro como son la innovación digital, la salud, la protección del medio ambiente o la pluralidad cultural.

¿Qué hay que cambiar de aquí al 2030?

Barcelona es atractiva en el ámbito internacional para hacer negocios, congresos de alto nivel, volumen de la exportación, capacidad de innovación o turismo. Pero el área metropolitana de Barcelona necesita una mayor coordinación interna para actuar como una verdadera área cohesionada en un mundo de grandes áreas urbanas y potentes centros económicos.

Para lograr un país más potente y eficaz, el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona debería vertebrar con un plan estratégico de Cataluña, ambos enmarcados en el nuevo entorno mundial.

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