De generación en generación: ¿Quién debe pensar el 2030?

“Pertenecer a una generación quiere decir cargar con una “marca” generacional, una especie de señal de nacimiento que no hace a todo el mundo exactamente igual, pero sin embargo les otorga un aire, un deje, una manera de caminar por la vida que los asemeja, que los caracteriza. Es la forma en que el tiempo se ha encarnado en nosotros, en cada uno de nosotros” 

Oriol Bartomeus, “Una generación sin certezas”
 

“La pandemia producirá un cambio que es una cicatriz y que puede suponer un corte generacional porque no se crean espacios en los que los jóvenes puedan reunir-se y participen para desarrollar estrategias y soluciones de futuro para esto”. Son palabras de Pablo Santoro, sociólogo y profesor de la UCM, con motivo de la presentación, este diciembre, de la investigación “Jóvenes en pleno desarrollo y en plena pandemia”, realizada por la Fundación Pfizer i la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.

En un momento en el que el profundo impacto de la crisis de la covid-10 nos lleva a reflexionar y redibujar nuestras estrategias de futuro en muchos ámbitos, es imprescindible tener en cuenta las voces de las generaciones que tienen que poner las bases para sus proyectos de vida en los próximos años si no queremos que la herencia que les dejemos, ya de por sí pesada por el recurso al endeudamiento que debe ayudarnos a salir de este complicado episodio, les resulte insoportable.

Sea como sea, la cuestión del encaje y la sucesión de las diferentes generaciones en los espacios de toma de decisiones colectivas es tan antigua como la sociedad misma, pero adquiere mayor relevancia en tiempos convulsos. Ahora que la mayoría de las visiones estratégicas en construcción se marcan como horizonte el año 2030, conviene hacer un repaso a qué puede apostar cada grupo generacional y cuáles son las vías -y también las barreras- para hacerlo.

De generación en generación: ¿Quién debe pensar el 2030?
Autora: Laura Guerrero. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona

 

En la situación actual, ciertamente, resulta difícil otorgar a una generación una relevancia mayor que al resto en función de como se ve afectada su trayectoria vital, hasta el punto que la etiqueta “pandemials”, que en principio parecía ir dirigida a estos jóvenes a los que la crisis nubla la visión de su futuro, está adquiriendo ya un carácter transgeneracional.

Hay diferentes indicadores que muestran este impacto generalizado de la pandemia: un estudio de las universidades de Harvard, Duke y Johns Hopkins aventura un aumento del 3% en la tasa de mortalidad y la reducción del 0,5% en la esperanza de vida en los Estados Unidos en los próximos 15 años. En Cataluña, según investigaciones del Centro de Estudios Demográficos, la reducción de la esperanza de vida se sitúa en 1,5 años, siendo una de las comunidades españolas con un descenso más significativo después de muchos años de crecimiento ininterrumpido. Y, pese a que la recuperación de este indicador puede ser relativamente rápida según el tiempo que lleve controlar el virus, los efectos más importantes a medio y largo plazo vendrán dados por la reducción de la fecundidad y el estancamiento de los movimientos migratorios.

Todos los grupos de edad ven sus expectativas de futuro claramente afectadas: los más mayores, obligados a confinarse, a menudo en soledad, por su mayor vulnerabilidad; los de mediada edad, bajo la amenaza de la pérdida del puesto de trabajo; los adultos jóvenes, por el debilitamiento de los vínculos que deberían ayudarles a asentar su proyecto de vida; y la juventud, abrumada por una situación que no les permite abrirse al mundo como sería necesario.

A continuación, repasamos cómo contemplamos en el marco de nuestro proceso Barcelona Demà, que debe culminar en el Compromiso Metropolitano 2030, la aportación de las diferentes generaciones de acuerdo con las definiciones más extendidas de cada una de ellas en nuestra sociedad.

 

Baby boomers

A grandes rasgos, las personas nacidas una vez superada la posguerra y hasta mediados de los años 60 y que llegaron, por lo tanto, a los primeros años de la etapa adulta alrededor del final de la dictadura.

Las personas que pertenecen a la generación cuantitativamente más numerosa de la historia han superado ya, o están a punto de hacerlo, la edad de su jubilación y, de hecho, es posible que sea la única generación entera en nuestro país que habrá podido disfrutar plenamente de esta protección en la vejez. Para buena parte de la anterior (generación de la posguerra) las pensiones llegaron demasiado tarde, mientras que todo apunta que para la posterior (generación de la transición) habrá que buscar, al menos parcialmente, otros instrumentos.

Gente alrededor de un quiosco

Autor: Edu Bayer. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona

 

De esta manera, si todas las proyecciones demográficas indican que el grupo de población de 65 años y más crecerá un 33% en la próxima década en la región metropolitana de Barcelona (contra un 4% el grupo entre 16 y 64 y un descenso de los menores de 16), no es menos cierto que, si se evita un desplome económico de dimensiones apocalípticas, el porcentaje de personas con unos ingresos mínimos asegurados vía pensión será también superior al que tenemos hoy en día, así como, presumiblemente, su vitalidad. La ciudad y la metrópoli del 2030, pues, deberán estar mucho más preparadas tanto urbanísticamente como en materia de servicios para dar respuesta a las necesidades específicas de este colectivo cada vez más grande y aún muy influyente.

Eso sí, si hay una generación que tiene garantizada su participación en la definición de la metrópoli del 2030 es precisamente esta. De entrada, ya lo han hecho definiendo y desarrollando el modelo urbano actual sobre el que deberá construirse el nuevo que ya hace tiempo que se reclama. Pero también porqué muchos de sus miembros aún ocupan gran parte de los principales cargos de responsabilidad en los ámbitos públicos, privados y comunitarios, o bien ejercen una gran influencia desde espacios no tan de primera línea, hasta el punto que, no sin polémica, hay quien les llama la Generación Tapón.

¿Cuál es la contribución esencial que pueden llevar a cabo? Depositar su confianza en las generaciones que los siguen de cara a liderar la transición necesaria y poner su experiencia al servicio de una ciudad más amable.


Generación X

A grandes rasgos, las personas que vivieron la infancia y la adolescencia entre el fin de la dictadura y la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992.

Los hijos e hijas de la transición somos los que estamos llamados principalmente a gestionar la salida de la crisis, con la difícil misión de salvaguardar unos sistemas de protección social que se tambalean por todas partes sin hipotecar aún más el futuro de las siguientes generaciones. Al mismo tiempo, nos corresponde tomar la mayoría de las decisiones que conllevarán el final de un estilo de vida de décadas y la transición hacia un nuevo modelo urbano. Se puede decir que la Agenda 2030 es nuestra última oportunidad para dejar una huella significativa en el futuro del planeta.

Generacion X

Autor: Edu Bayer. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona

 

Es en el ejercicio de esta responsabilidad donde encuentro pertinente recuperar lo que quizás resulta más acertado del libro “Generación Tapón”, en el capítulo de conclusiones:

  • Tenemos que evitar los liderazgos eternos. En el ámbito público parece que se ha logrado hace ya tiempo debido a la hiperfragmentación y a la volatilidad de las opciones políticas (que, de hecho, impide por bien o por mal liderazgos como los ejercidos por la generación anterior). Y en el ámbito privado parece que también se progresa en este sentido, con el añadido de un protagonismo creciente, aunque claramente insuficiente, de las mujeres. En el caso del PEMB, por ejemplo, la práctica totalidad de los miembros del Consejo Rector ha cambiado en los últimos cinco años, algunos de ellos incluso dos veces, y la composición de género se ha ido equilibrando.
  • Es necesario entender que ejercer el liderazgo no es sinónimo de poder absoluto e incontestable, y hay que actuar con empatía y respeto hacia las personas colaboradoras. En otros términos, aplicar los modelos de gestión de las organizaciones TEAL, siguiendo los preceptos de Frederic Laloux en su libro Reinventar las organizaciones, es decir, dejando margen para la influencia y el crecimiento de todos los miembros de la organización y, por extensión, de la sociedad.
  • Hay que asumir la necesidad de liderazgos compartidos y distribuidos por edad para acercarse al máximo a una estructura representativa de la sociedad. Esto incluye también la diversidad de procedencias, pensamientos y capacidades. Una asignatura pendiente en prácticamente cualquier espacio de decisión (empezando por el parlamento) e incluso en los foros de debate más prosaicos.
  • Debe ponerse el máximo celo en no hipotecar a las generaciones futuras, ni en términos económicos ni en términos ambientales. En este sentido, y asumiendo que la deuda ahora mismo es inevitable para acometer la recuperación post-covid, resulta aún más primordial sacar verdadero provecho de las inversiones que se realicen con los recursos que se pondrán a disposición, principalmente mediante los fondos europeos.

 

Millennials” o milenistas

A grandes rasgos, las personas que vivieron la infancia y la adolescencia entre los Juegos Olímpicos de 1992 y el cambio de siglo.

También se la podría llamar la generación de las dos crisis, impactada por la crisis financiera del 2008-2010 en el momento de consolidar su participación en el mercado laboral y vuelta a golpear por la de la covid-19 cuando empezaba a recomponerse. El resultado es que, según Eurostat, casi la mitad (46%) de los jóvenes españoles de entre 25 y 34 años vive aún en casa de los padres, con una edad media de emancipación próxima a los 30 años. Y, no olvidemos, con la tasa de paro juvenil más alta de toda la Unión Europea, superando el 40%.

La generación que, a su pesar, nos hizo descubrir conceptos como “mileurista” o “nini” (todavía un 22% de los jóvenes españoles hoy en día) tampoco ha encontrado un lugar propio en un mundo laboral en el que la precariedad ha sido la norma. El informe CYD 2019 indica que entre los que han llegado, el 36,8% están sobrecalificados para las funciones laborales que desarrollan. Y para los infracalificados (casi el 30% tienen nivel ESO como mucho) la pandemia está impidiendo que puedan desarrollar las competencias relacionales que reclaman las empresas.

Grupo de gente desayunando

Autor: Edu Bayer. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona

 

El acceso a una vivienda por cesión o herencia familiar, o haber tenido la suerte de encontrar unas condiciones muy favorables en el alquiler, han sido la clave para muchos de los miembros de esta generación que han podido llevar, de mejor o peor manera, las riendas de su trayectoria vital. Dicho de otro modo, los millenials lo han tenido mucho más difícil que la generación anterior para llegar al nivel de clase media.

Otro aspecto preocupante es la insatisfacción con la democracia, un fenómeno global entre los millenials, pero que en los países del sud de Europa es más grave debido a la falta de expectativas laborales y la distancia temporal y emociona con lo que supuso la recuperación de la democracia.

Eso sí, siguen siendo, probablemente, la generación mejor preparada de la historia (y los recortes y la pandemia pueden hacer que lo siga siendo durante mucho tiempo) y lo que hay que hacer es encontrar la manera de asegurar que sus salidas no pasan necesariamente por buscarse la vida fuera.

Se mire por donde se mire, las personas entre los 25 y los 40 años merecen que sus necesidades, sus intereses y sus perspectivas de futuro se sitúen en el centro de cualquier reflexión que tenga como horizonte el año 2030. Éste es uno de los principales compromisos que asumimos en el proceso Barcelona Demà y es por ello que cerca del 50% de nuestro Comisariado está formado por representantes de esta generación.

 

Generación Z

A grandes rasgos, las personas que han vivido la infancia y la adolescencia ya en el siglo XXI.

Las personas menores de 25 años, en general, no han vivido sin la influencia de Internet y han dispuesto, des de bien pequeñas, de dispositivos que les han permitido acceder a información y experiencias que hasta hace muy pocos años solo estaban al alcance de una minoría o de personas de más edad. En ocasiones, según Llucia Ramis, “su conexión con el mundo se limita (ahora forzosamente) a las pantallas. Lo cual, entre otros inconvenientes, complica la concentración en el ámbito educativo y la posibilidad de encontrar trabajo. En definitiva, acentúa la dificultad de independizarse”. Así, por ejemplo, se prevé que la tasa de abandonamiento de estudios superiores a finales de este curso supere la de años anteriores, especialmente en los alumnos de primero.

Los adultos jóvenes de la generación Z (18-23 años) son los que padecen más estrés, 6,1 sobre 10, casi el doble que los adultos más mayores (y más vulnerables frente al virus). En estas circunstancias, según la encuesta Òmnibus de junio del 2020, el 7,1% de los jóvenes barceloneses de entre 16 y 24 años se sienten solos a menudo y el 19,4% lo sienten alguna vez, siendo el grupo de edad que registra un porcentaje más alto. Otros estudios muestran que 34,6% de los jóvenes españoles presentan síntomas de ansiedad a raíz del confinamiento por la covid-19, y la cifra aumenta hasta el 42,9% si hablamos de sintomatología relacionada con la depresión.

Personas haciendo deporte playa de Barcelona

Autor: Martí Petit. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona

 

Aún así, según el estudio referenciado al principio del artículo, tres de cada diez jóvenes de estas edades creen que después de la pandemia aumentará el interés general por la defensa de los servicios públicos, la política y la ecología. Y un 25% cree que cada vez será más importante ayudar en el ámbito local.

Además, ninguna generación está preparada como esta para entender hacia donde nos llevan los acelerados cambios tecnológicos y cómo integrarlos en la resolución de los retos que tenemos por delante. En este sentido, se hace necesario rescatar el planteamiento del escritor y humorista Douglas Adams que Albert Cañigueral cita en su libro “El trabajo ya no es lo que era: nuevas formas de trabajar, otras maneras de vivir”:

  1. Cualquier cosa que exista cuando nosotros nacemos nos parece normal, ordinaria y es parte natural de cómo funciona el mundo.
  2. Todo lo que se inventa entre nuestros quince y treinta y cinco años lo vemos como algo nuevo, emocionante y revolucionario. Incluso podemos desarrollar nuestra carrera profesional centrada en estas innovaciones.
  3. Cualquier cosa que se inventa después de que cumplamos los treinta y cinco años es contraria al orden natural de las cosas.

Es indudable, por todos estos motivos, que la mirada de esta generación también debe tener su espacio en un proceso de reflexión sobre el futuro de la metrópoli.

Asumimos, pues, el reto de abrir el proceso Barcelona Demà a las diferentes generaciones y de buscar las fórmulas más adecuadas para facilitar que sus voces sean escuchadas y sus propuestas incorporadas en el Compromiso Metropolitano 2030. La combinación de espacios y de formatos participativos (con la plataforma Decidim en el centro), la construcción de un amplio mapa de actores que ya llevamos semanas elaborando (con una mirada específica transgeneracional) y la colaboración con espacios como los laboratorios ciudadanos deberán sernos de gran ayuda.

 

Las opiniones de los autores y las autoras no representan necesariamente el posicionamiento del PEMB.

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