30 años de colaboración público-privada

El 2 de mayo de 1988, hace justo 30 años, se puso en marcha el I Plan Estratégico Económico y Social Barcelona 2000. El teniente de alcalde Francesc Raventós, por encargo del alcalde Pasqual Maragall, organizó una pequeña oficina de coordinación en la que situó una destacada figura del mundo económico y universitario, Francesc Santacana, y una administrativa, Núria Mulero, a quienes inmediatamente se unió el economista Joan Campreciós. Desde aquel embrión inicial se fue logrando progresivamente uno de los hitos más importantes de la gobernanza de Barcelona en ese periodo: el impulso de la colaboración público-privada, factor clave de la transformación de la ciudad en conjunción con el evento olímpico.
 

Portada del I Plan Estratégico económico y social Barcelona 2000

Hablar de colaboración público-privada era muy diferente hace 30 años. Desde su origen, el Plan Estratégico reunió los 'principales actores económicos y sociales de la ciudad' incorporando en su Comité Ejecutivo al Ayuntamiento de Barcelona, la Cámara de Comercio, el Círculo de Economía, CCOO, el Consorcio de la Zona Franca, Fira de Barcelona, Fomento del Trabajo, el Puerto Autónomo, la Unión General de Trabajadores y la Universidad de Barcelona. Esta composición fue clave para hacer frente a los retos que se presentaban en la ciudad en ese momento: la puesta al día de las principales infraestructuras, la transición de la industria hacia la sociedad del conocimiento o la tan ansiada proyección internacional. Se trataba, pues, de reunir los 'principales actores económicos y sociales de la ciudad'.

Al mismo tiempo, Maragall apostaba por la colaboración público-privada como un mecanismo para 'blindar' el proyecto de transformación de la ciudad en un momento de fuerte tensión institucional, con el reciente desmantelamiento de la Corporación Metropolitana de Barcelona como muestra más significativa y en un contexto donde todavía existía, después de ocho años de ayuntamientos democráticos, un cierto desconocimiento, cuando no desconfianza, entre el gobierno municipal y los principales actores económicos de la ciudad.

Después de todos estos años, la colaboración público-privada sigue siendo imprescindible, pero se ha vuelto más compleja. Por un lado, la lista de 'principales actores' ha aumentado notablemente: tenemos más universidades, nuevas organizaciones empresariales o interlocutores potentes de otros ámbitos de la sociedad (como la Mesa del Tercer Sector). Por otro lado, no se ha incorporado una ciudadanía activa, más visible e influyente gracias a la promoción de espacios de participación ciudadana y la capacidad movilizadora y de altavoz que ofrecen las redes sociales.

El salto de escala en el ámbito metropolitano, que el Plan realizó de forma pionera en el año 2000, también amplía los sujetos susceptibles de implicarse en esta colaboración: no sólo más municipios, sino también los representantes del su tejido económico y social. Un espacio sectorial como el Consejo de la Movilidad de la AMB, por ejemplo, reúne un centenar largo de miembros.

Hoy en día, encontramos que estos actores se reúnen en plataformas de concertación de todo tipo: sectoriales o territoriales, deliberativas o ejecutivas, unas lideradas por la administración y otras por la sociedad civil. Así pues, podemos decir que a pesar de la mayor complejidad hay más colaboración público-privada que nunca. El problema es que tal vez se produce de forma muy fragmentada y dificulta encarar algunos de los grandes temas estratégicos para el futuro de la metrópoli.

En este contexto, y como ya hemos ido señalando en artículos anteriores en este blog, especialmente desde el momento de la celebración del 25 aniversario de los Juegos Olímpicos, se alzan voces reclamando un debate sobre el modelo de ciudad/metrópoli y una visión compartida sobre los principales retos que debemos enfrentar de cara al futuro. No sólo se reclama, sino que en diversos foros, como la Fundación Cataluña-EuropaBarcelona Global o el mismo Círculo de Economía, miembro fundador del Plan Estratégico, pasando por los propios espacios de concertación sectorial y multiplicidad de plataformas ciudadanas, se toman posicionamientos y se hacen propuestas de toda índole.

Encontrar puntos en común y forjar consensos entre las propuestas del Global Summit y las del Foro Vecinal sobre turismo, o entre los intereses de la distribución alimentaria y los del movimiento agroecológico, o entre los que se preocupan por la saturación del aeropuerto y quien lo hace por la subida de los alquileres no es una tarea sencilla, pero hay que asumirla para encontrar los puntos de acuerdo que permitan avanzar y no quedarnos estancados en posiciones de trinchera. Y para ello, un mínimo grado de consenso político es capital.

En este sentido, estos próximos meses, los que quedan hasta las elecciones municipales y los inmediatamente posteriores, son decisivos teniendo en cuenta lo que ya hace tiempo está sucediendo en la esfera política y cómo se está trasladando todo ello a los plenos municipales, lo que augura un último año de mandato muy complicado en varios municipios y, de rebote, en la metrópoli en su conjunto.

Una situación sobre la que hay una profunda reflexión, y más teniendo en cuenta que, si algo podemos asegurar de estas próximas elecciones es que se mantendrá la tónica de la amplia diversidad en los plenos y, en consecuencia, de las mayorías exiguas que harán inevitables los pactos y acuerdos de todo tipo, incluso entre fuerzas no necesariamente afines, para sacar adelante proyectos estratégicos. Como también será imprescindible incorporar esta renovada colaboración público-privada que integra, sí o sí, la fuerza -y también el escrutinio- de la acción ciudadana.

Personalmente espero que, más pronto que tarde, todos los partidos tomen conciencia y asuman con generosidad y visión de ciudad/metrópoli esta situación y que los acuerdos no sean monedas de cambio ni los desacuerdos movimientos tácticos. Y espero también del sector privado que no atice disputas, sino que entienda, entengui, como pasó hace 30 años, que la colaboración se basa en la modulación de intereses en favor del bien común.

Mientras tanto, como Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona, igual ahora que hace 30 años, seguimos trabajando para recoger, integrar, debatir e impulsar las propuestas que la enorme vitalidad de nuestra sociedad genera, abriendo la colaboración a todo el que quiera contribuir a construir la metrópoli resiliente, dinámica y cohesionada que podemos llegar a ser.

Las opiniones de los autores y las autoras no representan necesariamente el posicionamiento del PEMB.

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